El domingo 11 de enero, escuchamos en el mundo entero una palabra que se hizo grito, compromiso y esperanza. Una palabra que es un grito por la paz. Una paz que se construye desde la diversidad de pueblos, de ideologÃas, de religiones, de opciones polÃticas. Una paz, que nos compromete a hacer posible del mundo una casa común, donde católicos, islámicos, judÃos, grupos de izquierda, centro o derecha, hombres y mujeres, pueblos del sur y pueblos del norte podamos vivir, dialogar y buscar juntos alternativas sustentables para crecer en igualdad de condiciones, pero sobre todo crecer en humanidad.
La manifestación del dÃa domingo en Francia, se convierte en un signo de aquello que habita en el fondo de nuestra humanidad. Estamos hechos para vivir en la diversidad, para convivir y construir juntos no sólo el mañana sino el presente.
Han surgido diversas posturas ante este acontecimiento. No han faltado las voces crÃticas frente a la amplia cobertura de los medios a lo sucedido en Francia. Ahora bien, siendo conscientes que cada dÃa y a cada instante mueren miles de personas en el mundo entero vÃctimas de una serie de violaciones a los derechos fundamentales, no podemos negar la brutalidad de los asesinatos ocurridos en Francia. La muerte de cualquier persona por la violencia es condenable, ya sea que ocurra en Francia, Nigeria o Pakistán.
Lo ocurrido muestra la barbarie de todo absolutismo, en este caso, un absolutismo religioso. Estos jóvenes que actuaron en defensa del profeta, parece que olvidaron que el primer capÃtulo del Coran, donde dice que Dios es misericordioso. Tras el atentado hemos podido ver surgir muchos miedos, miedos que están ahà y con los cuales vivimos. Sabemos que no podemos evitar tener miedos, pero de lo que sà somos responsables es de gestionarlos y asumirlos como personas responsables no sólo para con nosotros mismos sino para con los otros.
Estos dÃas la reflexión se ha centrado en la defensa del derecho a la libertad de expresión, nosotros queremos ampliar esto y contemplarlo desde el reconocimiento a la dignidad de toda persona. Pensamos que este tipo de violencia, en el fondo, es un desprecio a la vida humana. Los acontecimientos de Nigeria, Francia, Pakistán, México y tantos otros lugares revelan el desquicio de la humanidad.
Sin embargo, el grito por la paz sigue resonando y clamando para que los hombres y mujeres nos comprometamos en hacerla posible y creÃble en esta hora de la historia.